La pasión es un sentimiento transformado en acción. ¿A quién transforma? Al que vive esa pasión o el que observa dicha pasión. ¿Estamos preparados para asimilar nuestras pasiones? Y si no es así, ¿estamos abiertos a entender las pasiones de los demás? Cuando ocurre ese momento de coincidencia pasional es un momento de comunión único. Pero la mayoría de las veces preferimos recibir a dar, lo que provoca la desigualdad entre el que tiene la pasión y el que observa desde el otro lado, creyéndose este último vivir del contagio y cuando no ocurre queda decepcionado. La pasión es un dar y recibir mutuo, sin egoísmo y sin barreras.
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