jueves, 19 de diciembre de 2013

Cuerpo, mente y límites

Cada objeto que usamos en nuestra casa, en la calle, las herramientas del día a día tanto del pasado como del presente están pensadas según las proporciones del cuerpo humano. Coger un vaso con la mano significa la distancia del dedo anular al pulgar formando un círculo abierto ligeramente, ni demasiado sino el vaso se caería de la mano ni cerrado del todo que forzaría el movimiento de la muñeca y el codo. Construimos todos los elementos de nuestra vida civilizada siguiendo unas proporciones adaptada a cada cultura. Así tenemos diferentes tipos de asientos o mesas dependiendo de si es en occidente que suelen ser sillas que toman el ángulo de 90 º de las rodillas dobladas con referencia al suelo, mientras que en oriente son mucho más bajas o inexistentes por la costumbre de comer de cuclillas o arrodillado en el suelo. Los objetos se adaptan a los límites de cuerpo, y este a los límites de la cultura donde se desarrolla. Cuando cambiamos de cultura hay un tiempo de adaptación, si deseamos realmente hacerlo, para reeducar nuestro cuerpo y mente en la utilización del espacio y sus objetos. La proporción áurea es desde la historia una base para explicar y aplicar en el diseño arquitectónico y objetual, es más, ha intentado concretar incluso cual es el cuerpo perfecto, sus medidas y proporciones que lo acercan a la idea de lo divino, la belleza suprema. Pero que sucede si un individuo no sigue estas directrices, cual es el calificativo al que se enfrenta, existe alguien que realmente tenga estas proporciones y sea perfecto. Los límites del cuerpo son difusos, dependen de si somos capaces de adaptarnos al entorno, las matemáticas pueden tener algunas respuestas pero es la mente y el cuerpo de cada uno los que determinarán estos límites.



miércoles, 18 de diciembre de 2013

Cuerpo, mente y clínica

Hay una pregunta que puede rondarnos cuando dudamos si nuestro cuerpo es normal o no. Durante toda nuestra vida nos dicen si somos bellos o no, si tenemos la estatura y el peso adecuado. Una nariz recta o no, la simetría de la cara, el tamaño de nuestras manos, de nuestros pies, la anchura de las caderas, el pecho o la cintura. Nuestra piel es sensible, suave o en cambio es áspera. Las cicatrices nos preocupan, los granos, verrugas, manchas y pecas. La cantidad de bello de nuestro cuerpo, hombres o mujeres pasamos por dichos estándares que no se sabe muy bien quienes estipula, la sociedad, dicen algunos, pero la verdad, no podemos concretar cuales son estos estándares "normales" ni quienes son los expertos. La clínica apareció como una respuesta a la necesidad de clasificar entre lo "normal" y lo "anormal", este último pasó a ser una enfermedad a la que se debía poner remedio desde la medicina. Las patologías tratadas por la clínica son diversas, desde el cuerpo a la mente y los tratamientos podían ser desde el placebo a experimentos difíciles de entender por lo agresivos y gratuitos. La clínica se alzó como la solución a los problemas de la anormalidad, la diferencia. Pero lo que para unos es normal y perfectamente compatible con la vida es una aberración para otros, por que unos dicen tener la razón por sus conocimientos y los otros deben cambiar para ser aceptados. Somos seres sociales, pero debemos encajar siempre con la mayoría o deberíamos tener la libertad de escoger nuestra propia normalidad dentro de una micro sociedad a nuestra medida.




martes, 17 de diciembre de 2013

Cuerpo y mente

Reconocerse ante un espejo es uno de esos experimentos que tanto gustan a los científicos, para demostrar que solo el hombre y el chimpancé son capaces de hacerlo. Eso nos hace distintos de los demás seres. Conocer nuestro rostro, debería ayudarnos a entender nuestro cuerpo. Al mirar nuestro reflejo, aunque es una imagen invertida de nosotros mismos, la observamos y reconocemos como auténtica. Cuando los demás nos miran ven por tanto una imagen distinta a la nuestra. Si nos comparamos con los otros y nuestro ego es desmedido nos creemos mejores, si en cambio es pobre siempre nos creeremos inferiores. Pero ¿quién es realmente ese cuerpo físico que aparece en el espejo? ¿nuestra mente en que ente habita? Al cerrar los ojos dejamos de ver ese cuerpo, pero podemos sentirlo y oírlo. Es un cuerpo con una mente, mente y cuerpo son indisociables, uno no puede existir sin el otro, pero a veces podemos tener la sensación de que están separados. Nos miramos en el espejo y no reconocemos a ese rostro como nuestro, o el cuerpo rechaza la mente que lo controla. Mente y cuerpo no siempre son uno.