martes, 23 de julio de 2013

Los misterios de la tecnología

Ahora mismo muchos de  nosotros somos seres tecnológicos. Utilizamos las herramientas tecnológicas como una parte más de  nuestra vida diaria, aunque todavía hay quien se resiste, cada vez son menos los que lo hacen. Por una parte gracias a ésta hacemos cosas impensables en el pasado, como la intercomunicación entre varios puntos del planeta. Por otra nos hemos acostumbrado tanto que nos es difícil renunciar a ella, casi se diría que somos adictos. Quién es capaz de no tener un teléfono móvil más de un día o incluso una hora. Esta necesidad constante nos hace dependientes de ella. Pero la tecnología no es perfecta, si existe realmente la perfección, y a veces se estropea sin una razón aparente. Puede tener cualquier causa imaginable o inimaginable, pero de golpe no funciona o vuelve a ser operativa sin tampoco saber por que. Mientras nos volvemos locos intentando solucionarlo. Como le ha sucedido a este blog durante esta semana, he tenido que hacer cambios porque desaparecieron muchas funciones sin razón aparente, no se si lo he solucionado pero he de aceptar que nada es inmutable y menos aún en internet donde somos unos realquilados, en manos de propietarios de servidores, líneas telefónicas y demás. Así que adiós y hola a todos, espero poder continuar este blog o quizás tendré que empezar de nuevo.





viernes, 19 de julio de 2013

Autoreferenciales

Lo primero o lo segundo que hacemos al despertar por las mañanas es probablemente mirarnos en el espejo del cuarto de baño. Ante esa imagen de nosotros mismos confeccionamos la visión que queremos que los demás vean. Creamos a nuestro propio personaje con la forma de peinarnos, acicalarnos, vestirnos o mirarnos. Con este primer modelo del día vamos a compararnos con los otros. Tenemos en el fondo, la idea que el mundo y el resto de las personas funcionan según nuestra referencia. Si leo este blog, osea, mis opiniones, parece la voz de alguien que no está quizás cómodo con el mundo que le rodea, aunque se identifica con las características de lo humano, sin llegar a comprometerse demasiado. En aire hablo del temor de confundir sueños y realidad, en cambio en luz del intercambio constante entre el mundo teatralizado con la improvisación del día a día, de las ambiciones en equilibristas que imaginan mejorar con atajos y como se crea nuestra identidad. La pasión, buscar, mirar, hablar y el silencio son acciones con las que creo nos comunicamos con nuestro entorno. Pero también están los temores en invisibles, estética y creación, monstruos, fantasmas, adoctrinar, vivir, preguntas y máquinas. Aunque siempre hay un rayo de esperanza bien intencionada en tempus dulces en las esquinas, o con maestros e imposibles. En conclusión es que no hay conclusión, mis ideas evolucionan, se repiten y se estancan, parece que quieren ir a algún lugar pero posiblemente siempre están en el mismo, o avanzan demasiado despacio. Dudo de mí como del personaje que ha escrito todo esto.






miércoles, 17 de julio de 2013

listas de cosas agradables y otras inapropiadas

Oler a pan recién hecho una mañana de lluvia.
Los primeros brotes de la parra en primavera y buscar las pequeñas flores que después serán racimos de uva.
Contemplar atardeceres rojizos y las luces que poco a poco van encendiéndose.
Oir los ronquidos de mi perro a media tarde.
Saborear por separado las distintas capas de una ensiamada crujiente por fuera.
Mirar por la ventana de la cocina mientras desayuno.
El olor a vainilla.
El sabor del chocolate negro con pan blanco.


Es inapropiado el padre que riñe a su hijo pequeño todos los fines de semana.

Escuchar durante horas a alguien repetir una sola frase de una canción.
El ladrido de un perro.
Alguien se acerca en la cafetería a pedirme el periódico cuando lo estoy leyendo.
Ser demasiado sincera y no saber decir mentiras piadosas.
Que un desconocido tenga su mirada clavada en mí y una persona que conozco me ignore.
Cuando una persona habla muy alto por el móvil.
El vestido pegado a la piel cuando te levantas de un asiento.



jueves, 4 de julio de 2013

Máquinas

Es curioso como solemos establecer relaciones afectivas con objetos. Se puede entender hacerlo con otras personas, animales, plantas e incluso insectos, después de todo son seres vivos que de una manera u otra responden a unos estímulos, como el contacto, la voz y los cuidados. Pero cuando esta relación se hace con una máquina, ya sea un coche, una lavadora o una tostadora, si nos detenemos a pensarlo no tiene mucho sentido, o quizás si. Somos seres sentimentales y ligamos nuestros recuerdos a cosas como una camisa que nos pusimos tal día que conocimos a alguien, aquel reloj que me regaló mi padre. De estos objetos inanimados hay un paso a hacerlo con el primer coche que tenemos, hemos escogido y con el que imaginamos viajes. Lo cuidamos, llegamos a humanizar a la máquina que comparte con nosotros nuestros proyectos. Pero en realidad solo es una herramienta más que utilizamos, al igual que un lápiz o un mechero, aunque a un coche podemos llegar a hablarle, también a una tostadora que no suelta las tostadas. Les hablamos como si esperáramos respuestas pero nos moriríamos del susto si lo hicieran. Hay ingenieros soñadores que trabajan para crear androides, máquinas que se muevan, reaccionen y se comporten como humanos artificiales, también hay mucha literatura y cine que especula con un futuro donde humanos y robots convivan o se enfrenten. Por una parte queremos que esa máquinas que construimos con piezas sueltas, cobren vida, por otra, nos da miedo perder el control, ya que conocemos la vida con sus cambios bruscos y azarosos. El Dr. Frankenstein de Mary Shelley crea a una criatura de materia inerte por la necesidad de demostrar que puede crear vida pero la criatura que surge no puede controlar sus emociones quiere ser amado, al no ser correspondido mata, convierte la vida en muerte. Sabemos la dificultad de controlar los sentimientos, las emociones. Tememos que esos seres que creamos a nuestra semejanza, sean nuestro propio reflejo aumentado para lo bueno y lo malo. En la ficción los hacemos más listos o más tontos que nosotros, para crear enemigos o amigos, según convenga. En realidad son nuestros propios fantasmas y monstruos ocultos tras las palabras noveladas. Por eso cada vez que el ordenador se bloquea o no se pone en marcha le rogamos, nos enfadamos verbalmente por si nos escucha.