viernes, 19 de julio de 2013

Autoreferenciales

Lo primero o lo segundo que hacemos al despertar por las mañanas es probablemente mirarnos en el espejo del cuarto de baño. Ante esa imagen de nosotros mismos confeccionamos la visión que queremos que los demás vean. Creamos a nuestro propio personaje con la forma de peinarnos, acicalarnos, vestirnos o mirarnos. Con este primer modelo del día vamos a compararnos con los otros. Tenemos en el fondo, la idea que el mundo y el resto de las personas funcionan según nuestra referencia. Si leo este blog, osea, mis opiniones, parece la voz de alguien que no está quizás cómodo con el mundo que le rodea, aunque se identifica con las características de lo humano, sin llegar a comprometerse demasiado. En aire hablo del temor de confundir sueños y realidad, en cambio en luz del intercambio constante entre el mundo teatralizado con la improvisación del día a día, de las ambiciones en equilibristas que imaginan mejorar con atajos y como se crea nuestra identidad. La pasión, buscar, mirar, hablar y el silencio son acciones con las que creo nos comunicamos con nuestro entorno. Pero también están los temores en invisibles, estética y creación, monstruos, fantasmas, adoctrinar, vivir, preguntas y máquinas. Aunque siempre hay un rayo de esperanza bien intencionada en tempus dulces en las esquinas, o con maestros e imposibles. En conclusión es que no hay conclusión, mis ideas evolucionan, se repiten y se estancan, parece que quieren ir a algún lugar pero posiblemente siempre están en el mismo, o avanzan demasiado despacio. Dudo de mí como del personaje que ha escrito todo esto.






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