jueves, 1 de agosto de 2013

La caligula en la mente

Los días largos, el sol quema la piel al mediodía y la tarde sobreviene húmeda, pegajosa y anestesiante. La mente funciona lenta y pesada. El apetito de comida de largas digestiones supone un derroche de energía y más sofoco, la apetencia se llena con bebidas frías y comidas suaves. El cuerpo rodeado de esta atmósfera espesa y cargada intenta liberarse de todo aquello superfluo, lo añadido como la ropa y los zapatos. El cerebro busca la ensoñación a todas horas no centrándose en ningún sitio sino vagando, algunos dirían vagueando, pero es que la temperatura cambia el orden de las cosas y el pensamiento se deja llevar. Queremos hacer pero el cuerpo no quiere y así se suceden las horas y los días a la espera del final del verano.


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