En mi adolescencia nunca me sentí atraída por nadie. Mis
amigas insistían que saliera con un chico de la pandilla. Cedí a la presión,
duró apenas un mes, con unos babosos besos y mucho aburrimiento. Si, una vez me
dieron un beso que despertó mi cuerpo, pero no mi ansia. Probé seguir besando a
desconocidos hasta que un día mi boca empezó a sentir nauseas. Nadie más me
reprochó nada por no tener pareja, cambié de amistades y de vida.
Mi vida es mi vida y no tengo que ir dando explicaciones a
nadie. Viajar por el mundo es para mi mejor que el sexo que me venden en los
perfumes, las compresas, los tampones, los desodorantes o en las
lavadoras-secadoras. El sexo es la excusa perfecta para el consumismo: la boda,
los regalos, el piso, la hipoteca, los hijos, el coche, los colegios, etc. Si practicas el
sexo pero no consumes como el capitalismo quiere eres tan proscrito como aquel
que no le interesa. Eso si, mejor evitar el tema de hablar del sexo, sino dicen
descubrir en ti una anomalía. En silencio escucho las batallitas de los otros,
mientras yo soy feliz sin relaciones que quieran poseerme, porque dicen que me
necesitan mientras me van asfixiando. Cuanto me envidiarían si supieran todo el
tiempo que tengo solo para mi y así poder cumplir mis sueños.
Texto en respuesta a otro texto que me enviaron titulado "Celibato"
Texto en respuesta a otro texto que me enviaron titulado "Celibato"
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