lunes, 24 de junio de 2013

Recordar

De niños en la escuela debemos memorizar la tabla de multiplicar, la tabla de los elementos para la asignatura de química, también fórmulas incomprensibles de física y una larga lista de cosas que no sabemos si utilizaremos en nuestra vida. Después seguimos memorizando más datos como contraseñas, fechas o lugares. Memorizar no quiere decir entender, o interiorizar el significado real según nuestras necesidades vitales. La memoria y el recuerdo se almacenan en nuestro cerebro en lugares distintos aunque ambas puedan con el tiempo llegar a entrelazarse. La memoria se basa en principio en una acción voluntaria, mientras el recuerdo es más aleatorio  e involuntario. Podemos recordar cierto olor o sabor de nuestra infancia y evocarla al volver a sentirlo, esa es la clave del recuerdo, los sentidos y los sentimientos que atesoran. El recuerdo es más creativo, lo construimos a partir de realidades y fantasías, sentimientos positivos y negativos, experiencias del pasado y el presente, el recuerdo es una necesidad que nos ayuda a sobrevivir internamente y por tanto vitalmente. La memoria también se construye con datos que acaparamos por necesidades sociales y culturales, son el resultado de experiencias transmitidas por otros que las experimentaron y que nosotros recibimos como herencia, después está en nuestras manos decidir dudar de ella o aceptarla sin hacernos preguntas. Una experiencia traumática puede borrar una parte de la memoria y del recuerdo, entonces creamos una memoria y un recuerdo nuevo que los sustituye, por que necesitamos llenar ese vacío que nos asusta. La nada es algo que no siempre nos han enseñado a aceptar y gestionar. La memoria y el recuerdo son construcciones imaginarias que cambian y nos transforman con el paso del tiempo.



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