Cada instante estamos obligados a escoger, levantarnos o no por la mañana, ducharnos o no hacerlo, que desayunamos, que hacemos, a donde vamos, con quien estamos, ... Así un sinfín de pequeñas decisiones, en apariencia nos parecen pequeñas pero cada una de ellas nos cambia el presente irreversiblemente. De vez en cuando somos conscientes de estos cambios cuando la elección afecta a nuestro entorno emocional, entonces la decisión se vuelve dolorosamente vital hasta el punto de hacer tambalear nuestra vida, y sufrimos una especie de mareo, vértigo y ahogo físico y mental, inabarcable e intenso. La decisión es punzante y afilada como un cuchillo, sabemos que debemos actuar, pero la duda nos paraliza, y si nos equivocamos, es algo que vamos a arrastrar toda nuestra vida. El temor a las malas decisiones nos aterroriza aunque sabemos que debemos escoger a pesar de todo. Después de tomarla y de luchar contra los remordimientos, poco a poco, depende del carácter de cada uno, se va apaciguando nuestra mente en una mezcla de cansancio y abandono debido a la energía gastada. Finalmente el tiempo y el espacio nos aleja de ese punto en concreto, sigue estando presente en la imagen de nuestra vida pero es uno más entre otros muchos del pasado que no podemos cambiar solo recordarlo.

Estoy totalmente de acuerdo contigo pero me gustaria añadir que, no hay malas decisiones cuando el motivo que nos mueve al tomarlas parte de un sentimiento de bondad. Esto no nos ahorra el sufrimiento de tenerlas que tomar ni la tristeza que nos causa, a veces, el resultado de nuestras decisiones, aunque sean para bien.
ResponderEliminarSaludos!
Gracias IF
Eliminar