Cuando somos niños y hacemos montañas con el puré de patatas, o buscamos con la cuchara en la sopa de letras palabras, nos dicen "con la comida no se juega". Pero somos niños y jugar es nuestra manera de descubrir, así que solemos hacer caso omiso de la advertencia, o eso creemos. Con la edad nuestro paladar se vuelve más selectivo, reconocemos lo que nos gusta y lo que no. Después si somos curiosos, ampliamos horizontes visitando otras culturas con el paladar. Cuando somos padres y vemos a nuestros hijos mover la comida por el plato les decimos "con la comida no se juega". Entonces nos damos cuenta que en realidad les estamos diciendo "esto lo he hecho solo para ti por que te quiero y con mi amor no se juega". Por eso nos pasamos la vida, cuando somos adultos, intentando recuperar el sabor de la comida de nuestra infancia por que nada sabe tan bien como aquella.
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