Llegar antes que nadie a cualquier lugar es lo que nos atrae. Es importante ser el primero aunque sea el momento equivocado. Somos la propia velocidad que no se detiene por nada, nos dedicamos a esquivar, empujar y apartar a todo aquello que nos hace desacelerar. Somos electrones atrapados en un acelerador de partículas, dando vueltas infinitamente en un circuito, por que no hay un recorrido lineal lo suficientemente largo que nos haga sentir tal embriagadora adrenalina. La rapidez está en todos los momentos de la vida, cuando comemos, caminamos, dormimos o practicamos el sexo. ¡Hay el sexo! cuanto más breve más intenso, no hay tiempo para más, hay que seguir corriendo para no ser el segundo que es como ser el último. No existen los amigos, la familia, los hijos y menos aún el lento transeunte que cruza la calle, hay que pasar acelerando el coche, ya se parará y rendirá homenaje al más veloz. Queremos más para ser más y llegar al final antes que nadie.
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