miércoles, 8 de mayo de 2013

Maestros

Desde niños sentimos la necesidad de tener un referente, alguien que nos haga sentir especiales. Buscamos en nuestro entorno, en la primera infancia es la madre, después el padre, herman@ mayor o los abuelos. En la etapa de la escuela la profesora o el profesor. En la adolescencia bajamos del pedestal a la mayoría de ellos por ser demasiado cercanos, entonces empieza nuestra peregrinación buscando el mito lejano —habitualmente es otro adolescente— entre cantantes, actores, músicos, youtuberos, etc. Pero es importante que sea lejano e inalcanzable para que la gesta por acercarse y admirarlo sea mayor, para ello nunca vamos solos siempre se hace en masa. Somos adolescentes y nuestras opiniones cambian tan rápido como nuestro cuerpo, lo que admirábamos ayer ya no es lo mismo de hoy. Al final de la adolescencia —este proceso puede ir mucho más allá de la mayoría de edad— empezamos a creer que nosotros somos nuestros propios maestros y que nadie puede enseñarnos nada. Entonces entramos en esa etapa de "nadie es como yo y no me entienden". En la madurez podemos seguir estancados en este sentimiento de la incomprensión o en cambio buscar maestros que nos hagan sentir, como mínimo, cómodos con el mundo.




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