martes, 28 de mayo de 2013

Identidades

Cuando nace un niño Haida se le da el nombre de un antepasado fallecido de su clan, o de su abuelo paterno, ya que se cree que el alma se ha reencarnado en el bebé, después en potlatch de construcción de sus padres recibe otros nombres honorarios. Durante su vida recibirá nombres heredados de sus antecesores, los que asume en sus propios potlach y los  que recibe como regalo de otros jefes. Por tanto, los nombres están ligados a  los títulos, al prestigio social y político del jefe, y este se escribe en el poste totémico. Si todos estos nombres representan a un individuo, que sucedería si cada uno de ellos tuviera su propia vida, que no fuera sabido, por parte de los demás, que se trata de una única persona. ¿Se dividiría el prestigio y el poder en fracciones? ¿Tendrían el mismo peso simbólico por igual las distintas personalidades? Conocemos ha muchos escritores a lo largo de la historia que han utilizado heterónimos, aunque acaban siendo conocidos con uno solo de sus nombres. Mutilamos así la diversidad por la unidad. Necesitamos alzar el poste totémico de cada individuo y concretarlo con un nombre, con unas acciones, sino solo son nombres anónimos, vacíos de significado y eso es algo que nos asusta socialmente. Vivimos del tótem que construimos sino no existimos, o quizás sí, con libertad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario