Cuando eramos niñ@s el mundo nos asustaba muchas veces. Cualquier ruido o sombra en la soledad de nuestra habitación podía provocarnos terribles pesadillas y miedos. Nosotros éramos muy pequeños para un mundo muy grande. Ese miedo era lo que hacía que nos riéramos del niñ@ diferente ya que creíamos saber distinguir lo normal de lo no habitual. Por otro lado, esos seres diferentes aprendían a sobrevivir mucho antes. Cuando maduran estos dos lados del mundo, unos vagan insatisfechos buscando nerviosamente aquello que es normal, si no lo encuentran se dedican a señalar lo distinto como algo a lo que hay que apartar y aislar. En cambio, los otros aprendieron a navegar solos y pocas cosas les dan miedo, una de ellas es la indiferencia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario